Una querella por negligencia médica no se sostiene solo con la gravedad del resultado ni con la frustración legítima de un paciente o su familia. En sede penal, se debe demostrar que una actuación u omisión concreta se apartó del deber de cuidado exigible y que ese incumplimiento produjo lesiones o la muerte. La diferencia es decisiva: un desenlace adverso puede ocurrir aun con una atención correcta; un cuasidelito exige antecedentes verificables, una teoría del caso sólida y prueba técnica capaz de resistir el examen de la Fiscalía y del tribunal.
Para quien enfrenta una pérdida, una secuela incapacitante o un deterioro que pudo evitarse, actuar con rapidez no significa presentar una acción improvisada. Significa resguardar la ficha clínica, identificar las decisiones relevantes, obtener una evaluación pericial independiente y definir si los hechos tienen mérito penal, civil o ambos. La estrategia inicial puede condicionar todo el proceso posterior.
Cuándo procede una querella por negligencia médica
En Chile, una atención sanitaria puede dar lugar a responsabilidad penal cuando la conducta de un profesional, integrante de un equipo clínico o responsable de una institución configura un cuasidelito de lesiones o de homicidio. El análisis no se limita al médico tratante. Según los antecedentes, pueden ser relevantes las decisiones de enfermería, anestesia, urgencia, laboratorio, administración de medicamentos, derivación, supervisión o disponibilidad de medios clínicos.
La pregunta jurídica central es si se infringió la lex artis, es decir, el estándar técnico y de diligencia que correspondía aplicar en las circunstancias concretas. Ese estándar no es abstracto. Considera la especialidad, la información disponible en ese momento, la urgencia del cuadro, los protocolos, los recursos del centro asistencial y los riesgos que debían preverse.
Una demora injustificada frente a síntomas de alarma, una cirugía ejecutada sin los controles necesarios, un error en la administración de fármacos o la falta de monitoreo posterior pueden justificar una investigación. Sin embargo, cada caso requiere precisión. No basta afirmar que el tratamiento fue deficiente: es necesario determinar qué debió hacerse, quién tenía el deber de hacerlo, cuándo debió intervenir y cómo esa omisión o acción incidió en el daño.
También importa distinguir la vía penal de otros reclamos. La querella busca perseguir una eventual responsabilidad penal y participar activamente en la investigación. Una demanda indemnizatoria persigue la reparación económica de los daños. En prestaciones otorgadas por establecimientos públicos, además, pueden existir instancias previas de mediación y reglas especiales. Las acciones pueden coexistir, pero su coordinación debe evaluarse antes de tomar decisiones que afecten la prueba o la posición procesal de la víctima.
La prueba define el curso de la investigación
La evidencia clínica suele ser extensa, técnica y disputada. Por ello, una querella eficaz no puede ser un relato general sobre una mala experiencia hospitalaria. Debe presentar hechos delimitados, una hipótesis de negligencia razonable y diligencias de investigación útiles desde el primer momento.
La ficha clínica completa es normalmente el punto de partida. Incluye evoluciones médicas, registros de enfermería, indicaciones, resultados de laboratorio, imágenes, consentimientos informados, hojas anestésicas, reportes de pabellón, interconsultas y documentos de alta. Las inconsistencias entre estos registros pueden ser relevantes, pero deben analizarse con conocimiento técnico y no mediante conclusiones apresuradas.
En una causa de esta naturaleza, suelen resultar decisivos cuatro grupos de antecedentes:
- La ficha clínica íntegra, sin omitir registros previos, posteriores ni documentos administrativos vinculados a la atención.
- Los peritajes médicos, que permiten contrastar la actuación observada con el estándar clínico aplicable.
- Los testimonios de pacientes, familiares, personal tratante y otros intervinientes que reconstruyen tiempos, advertencias y decisiones.
- Los protocolos internos, turnos, registros de equipos y comunicaciones que pueden revelar fallas de coordinación o supervisión.
El peritaje no reemplaza el trabajo jurídico. Un informe médico debe ser formulado y explicado de modo que responda las preguntas que importan para la imputación penal: deber de cuidado, infracción concreta, previsibilidad, evitabilidad y relación causal. Si el informe solo describe una complicación, pero no conecta técnicamente esa complicación con una conducta negligente, tendrá una utilidad limitada.
La causalidad suele ser el principal punto de controversia. La defensa puede sostener que el resultado obedeció a una patología previa, a una complicación conocida, a la gravedad inicial del paciente o a un riesgo inherente al procedimiento. Esa posibilidad debe ser examinada con seriedad. La representación de la víctima debe anticipar esa discusión, contrastar los registros cronológicos y establecer si una actuación oportuna habría evitado el resultado o, al menos, reducido de manera relevante el daño.
Cómo se inicia y qué puede ocurrir después
La querella se presenta ante el Juzgado de Garantía competente, con una exposición clara de los hechos, su calificación jurídica provisional y las diligencias que se solicitan. Admitida a tramitación, permite a la víctima intervenir como querellante, solicitar medidas investigativas, aportar antecedentes y sostener una posición activa frente a decisiones relevantes de la Fiscalía.
En causas complejas, la investigación puede requerir obtención formal de documentación clínica, declaraciones de profesionales, informes del Servicio Médico Legal u otros peritos, revisión de protocolos y análisis de comunicaciones. La Fiscalía dirige la investigación, pero una querella técnicamente construida puede evitar que aspectos decisivos queden sin indagar.
No toda investigación terminará en formalización. El Ministerio Público debe alcanzar antecedentes que permitan atribuir participación en un hecho punible a una persona determinada. Si se formaliza, se abre una etapa procesal con consecuencias relevantes para los imputados y con nuevas decisiones respecto de medidas cautelares, plazo de investigación y eventual salida alternativa o acusación.
Para la víctima, es fundamental no confundir una apertura de investigación con una condena asegurada. La carga probatoria es exigente y el proceso penal exige acreditar los hechos conforme a un estándar elevado. Aun así, una preparación rigurosa desde el inicio puede cambiar sustancialmente la capacidad de esclarecer lo ocurrido y de exigir responsabilidades.
Errores que debilitan una acción penal
El primer error es esperar demasiado para recopilar antecedentes. Aunque los plazos legales dependen de la calificación jurídica y de las circunstancias del caso, el paso del tiempo dificulta ubicar testigos, reconstruir decisiones y preservar evidencia. Solicitar y organizar la documentación disponible debe ser una prioridad.
El segundo es presentar una querella sin revisión pericial previa o con una teoría genérica. Acusar a todos los participantes de un acto médico sin identificar funciones y decisiones suele restar fuerza al planteamiento. La responsabilidad penal es personal: debe vincularse a conductas concretas y a deberes específicos.
El tercero es reducir el caso a la existencia de consentimiento informado. La firma de un consentimiento no autoriza una atención negligente ni elimina el deber de cuidado. Puede ser relevante para evaluar los riesgos explicados al paciente, pero no reemplaza el análisis sobre la calidad técnica de la prestación ni sobre la información efectivamente entregada.
También debe evitarse la exposición pública imprudente. En asuntos de alta sensibilidad, declaraciones prematuras pueden afectar la privacidad del paciente, tensionar a testigos o entorpecer una estrategia procesal. La defensa de los derechos de la víctima requiere firmeza, pero también reserva y control del caso.
Una evaluación penal seria antes de actuar
Una primera revisión debe ordenar la cronología médica, identificar el daño acreditable, examinar la ficha clínica y determinar qué pericia resulta necesaria. Desde allí, corresponde definir si existen antecedentes suficientes para una querella, qué delitos podrían investigarse y qué diligencias deben solicitarse con urgencia.
Pedro Orthusteguy Hinrichsen aborda litigios penales complejos con una mirada formada en la investigación y en el juicio oral: construir una teoría verificable, anticipar la defensa y sostener cada afirmación con prueba. En negligencias médicas, esa disciplina es especialmente relevante, porque los hechos clínicos requieren ser traducidos en una imputación penal clara y defendible.
Si una atención médica dejó una lesión grave, una secuela o una muerte que parece evitable, no corresponde asumir que se trató simplemente de un riesgo del procedimiento. Una evaluación confidencial, fundada en antecedentes clínicos y periciales, permite decidir con claridad qué acciones judiciales pueden proteger a la víctima y preservar su derecho a que los hechos sean investigados.

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